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El primero de septiembre de 1918, el
presidente Venustiano Carranza, enunció los principios que
rigen la postura de México con respecto a sus relaciones
internacionales conocidos con el nombre de “Doctrina
Carranza”.
Dicho informe señaló:
“Las ideas directrices de la política internacional son
pocas, claras y sencillas. Se reducen a proclamar: Que todos
los países son iguales; deben respetar mutua y
escrupulosamente sus instituciones, sus leyes y soberanía;
que ningún país debe intervenir en ninguna forma y por
ningún motivo en los asuntos interiores de otro. Todos deben
someterse estrictamente y sin excepciones, al principio
universal de no intervención; que ningún individuo debe
pretender una situación mejor que la de los ciudadanos del
país donde va establecerse, ni hacer de su calidad de
extranjero un título de protección y de privilegio.
"Nacionales y extranjeros deben ser iguales ante la soberanía
del país en que se encuentran, y finalmente, que las
legislaciones deben ser uniformes e iguales en lo posible,
sin establecer distinciones por causa de nacionalidad,
excepto en lo referente al ejercicio de la soberanía.
"De este conjunto de principios resulta
modificado profundamente el concepto actual de la diplomacia.
Ésta no debe servir para la protección de intereses de
particulares, ni para poner al servicio de éstos la fuerza y
la majestad de las naciones. Tampoco debe servir para
ejercer presión sobre los gobiernos de los países débiles, a
fin de obtener modificaciones a las leyes que no convengan a
los súbditos de países poderosos. La diplomacia debe velar
por los intereses generales de la civilización y por el
establecimiento de la confraternidad universal”.
Fuente: Política Exterior de México. 175 años de historia.
Tomo I, SRE. México.1985.
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